Arròs, fesols i col
Ingredientes
- 100 g aceite de oliva Virgen Extra
- 200 g arroz
- 300 g col limpia
- 2 zanahorias
- 1 patata
- 2 cebolletas tiernas
- 6 dientes de ajo
- 10 g pimentón rojo
Carnes, opcional
- 4 morcillas
- 100 g falda de ternera
- 150 g tocino
- 150 g costilla de cerdo
- 2 huesos de jamón
Equipamiento
- olla
- 1 sartén o cacerola
- 1 cuchara de madera
Instrucciones
- Poner en remojo las judías unas 12 horas antes
- Ponemos una olla al fuego, y cocemos las judías previamente remojadas , a fuego bajo, cortando la cocción con agua fría, sin dejar que hiervan. De este modo no se romperán.
- Este paso lo podemos hacer añadiendo las carnes, excepto la morcilla. Cocemos durante unos 30 minutos
- Añadimos las verduras, la col, cortada en porciones de 2 cm y las zanahorias y seguimos con la cocción.
- Mientrastanto, en una sartén a parte, ponemos el AOVE y sofreímos los dientes de ajo, añadiendo pimentón dulce. Añadimos también la cebolla y rehogamos unos minutos más.
- Lo añadimos a la olla con las judías y la col y añadimos el arroz. Dejamos hervir durante 17 minutos removiendo con una cuchara de madera.
- En el último momento, podemos añadir las morcillas y listo para servir.
Un plato de cuchara con historia, raíces y propiedades
Hay platos que reconfortan el cuerpo y otros que también alimentan el alma. Este es, sin duda, uno de mis platos de cuchara favoritos, profundamente ligado a mis raíces, a les Terres de l’Ebre y a la gente sencilla y trabajadora de la ribera, entre los cultivos de arroz. Es una receta humilde, nacida de la necesidad, de aquellas cocinas donde se aprovechaba lo que había y donde el tiempo, la paciencia y el cariño eran ingredientes imprescindibles.
Con los años, la receta ha ido evolucionando. Hoy en día es habitual encontrarla más consistente, con ricas carnes de cerdo y vacuno, mejores utensilios y productos de mayor calidad. Aun así, su esencia sigue intacta y continúa preparándose, apreciándose y reivindicándose como parte de nuestra identidad culinaria. En sus orígenes no llevaba carne fresca, porque no solía haberla, salvo en salazón. Por eso, volver a esa versión más sencilla también es una forma de hacer de la necesidad virtud, adaptando el plato a dietas veganas y vegetarianas. Os aseguro que queda delicioso y, además, se digiere un poco mejor. El secreto sigue siendo el mismo de siempre: cocina lenta, paciencia y respeto por el producto.
Pero este plato no solo es tradición y sabor, también es nutrición. El arroz, base de la receta y protagonista indiscutible en estas tierras, es una excelente fuente de energía gracias a sus hidratos de carbono complejos. Es fácil de digerir, saciante y perfecto para reponer fuerzas, algo fundamental para quienes trabajaban largas jornadas en el campo. Además, si utilizamos un buen arroz de calidad, de grano corto, el resultado es un caldo más ligado y lleno de sabor.
La col, tan presente en la cocina popular, aporta frescor y equilibrio al plato. Es rica en fibra, vitaminas C y K y compuestos antioxidantes que ayudan a fortalecer el sistema inmunitario y a mejorar la digestión. Cocinada a fuego lento, como manda la tradición, se vuelve suave, melosa y muy agradecida al paladar, integrándose perfectamente con el resto de ingredientes.
Las judías secas son otro pilar fundamental de esta receta humilde. Aportan proteínas vegetales de gran calidad, fibra y minerales como el hierro y el magnesio. Son muy saciantes y han sido, durante siglos, una fuente básica de alimentación para las familias trabajadoras. Combinadas con el arroz, forman una proteína completa, lo que explica por qué este plato era tan nutritivo incluso en tiempos de escasez.
Además, es una receta práctica y agradecida: se puede preparar con antelación y se conserva estupendamente. En casa suelo guardarla ya cocinada, en recipientes en la nevera o en el congelador, pero sin añadir el arroz. Cuando apetece, solo hay que descongelar, incorporar el arroz, dejar cocer unos 17 minutos y disfrutar de un buen plato caliente de cuchara en los días de frío.
Este plato también guarda una historia familiar muy especial. Mis tías contaban que era el plato festivo por excelencia de los domingos en Toulouse, durante el exilio tras la Guerra Civil Española. A través de la cocina, la familia mantenía vivas sus raíces y su identidad, encontrando en los sabores de siempre un consuelo que ayudaba a calmar el dolor y la añoranza del exilio. Quizá por eso, cada vez que lo preparo, siento que no solo cocino una receta, sino también un pedacito de historia que sigue vivo en la mesa.

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Arròs, fesols i col
Ingredientes
- 100 g aceite de oliva Virgen Extra
- 200 g arroz
- 300 g col limpia
- 2 zanahorias
- 1 patata
- 2 cebolletas tiernas
- 6 dientes de ajo
- 10 g pimentón rojo
Carnes, opcional
- 4 morcillas
- 100 g falda de ternera
- 150 g tocino
- 150 g costilla de cerdo
- 2 huesos de jamón
Equipamiento
- olla
- 1 sartén o cacerola
- 1 cuchara de madera
Instrucciones
- Poner en remojo las judías unas 12 horas antes
- Ponemos una olla al fuego, y cocemos las judías previamente remojadas , a fuego bajo, cortando la cocción con agua fría, sin dejar que hiervan. De este modo no se romperán.
- Este paso lo podemos hacer añadiendo las carnes, excepto la morcilla. Cocemos durante unos 30 minutos
- Añadimos las verduras, la col, cortada en porciones de 2 cm y las zanahorias y seguimos con la cocción.
- Mientrastanto, en una sartén a parte, ponemos el AOVE y sofreímos los dientes de ajo, añadiendo pimentón dulce. Añadimos también la cebolla y rehogamos unos minutos más.
- Lo añadimos a la olla con las judías y la col y añadimos el arroz. Dejamos hervir durante 17 minutos removiendo con una cuchara de madera.
- En el último momento, podemos añadir las morcillas y listo para servir.



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